7. oct., 2017

Nadie te mira.

Cuando no se es capaz de empezar a reconocer el propio aporte al espacio-tiempo (ir viendo a través del propio proceso cómo conecta tu particularidad con la globalidad, observando esta conexión en un doble sentido de nutrición constante), y se confunde ese aporte genuino con otro tipo de "aporte" que busca un reconocimiento externo, posiblemente insistir en seguir "tonteando" con la lógica va a llegar a un punto de insostenibilidad muy grande para el diseño.

Esto va de que Nadie te ve, y cuando tu referencia es realmente Nada dentro de ti, de forma sincera, ello empieza a motivar tu día a día, y empiezas a encontrar sentido a ser parte de Todo. Los tránsitos pueden ser retadores, porque la llamada a madurar para el receptor es rotunda, pero Nada te sostiene y empieza a establecerse un vínculo de confianza mutua con la Tierra que es sorprendente.

Solo estamos empezando a ver cómo es vivir vinculados a una real legitimidad espacio-temporal. En este sentido, cualquier margen de error es legítimo, pero también es cierto que hay que ser conscientes de que si juegas con fuego en modo bravucón lo más seguro es que te achicharres. Ubicarse en las verdaderas coordenadas de la propia antena te hace libre, la presión del diseño se va soltando y con ella todo un armado de observadores a los que vas reconociendo en la lógica de su trauma (reconocimiento de su inocencia) y que van quedando poco a poco liberados de sí mismos.

Baila tu propio baile... Nadie te mira.

Elena García Toro (www.observandonos.com)